7 Agosto 2008

El género policial surge de la mano del estadounidense Edgar Allan Poe a mediados del siglo XIX, dentro del contexto de la Modernidad. Poe es quien establece las bases de la narrativa policial a partir de sus cuentos, lo que lo ubica como un escritor fundamental dentro del género. Sus principales relatos, “La carta robada”, “Los crímenes de la calle Morgue” y “El misterio de Marie Roget” dan cuenta de ello, ya que contienen las características esenciales definitorias. En primer lugar hay un enigma que mantiene relación con un crimen inexplicable, aparentemente, y la figura de un detective que será quien lleve adelante la investigación de dicho asesinato para resolver lo que se llama “caso”.
El detective se llama Auguste Dupin y es quien mediante el método deductivo, leyendo pistas e indicios llegará finalmente a la verdad. De este modo, todo cierra armoniosamente y se restituye el orden, por lo menos, textual.
Numerosos factores influyen en la consolidación del género: el vertiginoso crecimiento de las ciudades, la modernización en los métodos de investigación policíaca y el notorio auge de la prensa escrita, encargada de difundir, precisamente, los casos. Otro gran exponente cultor del policial de enigma (o clásico), es el británico Arthur Conan Doyle, encargado de dar vida al mundialmente famoso detective Sherlock Holmes y su acompañante Watson. Tal vez esto mismo constituya uno de los ejemplos donde, el personaje supera en fama al autor. De hecho, el detective, sobre el final de una extensa saga, muere. En este momento infinidad de cartas llegan a la dirección donde, ficticiamente, vivía Holmes exigiendo vuelva a dársele vida. De esta manera, Conan Doyle se vio obligado, a pedido de sus fervientes lectores, de “resucitar” al detective e incorporarlo nuevamente en la siguiente historia policial. Otro escritor que sigue la línea del policial clásico es Gilbert Chesterton, quien da vida a un extraño y atípico detective, el Padre Brown.
La clasificación del género policial
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de enigma o clásico: la estructura de la narración ronda acerca del rol del detective, quien cultiva el método científico y, desde su laboratorio, mediante la lógica y la razón, arriba y construye la verdad.
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relato problema: los principales exponentes son W. S. Van Dine y Agatha Christie (ambos desarrollaron sus textos durante comienzos del siglo XX). En estos textos, se plantea un enigma y se describe un proceso de investigación que arriba a la resolución de la incógnita. Siempre hay un número reducido de sospechosos.
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thriller: lo que se intenta aquí es el estremecimiento del lector: el personaje protagonista atraviesa una situación angustiante. El enigma en este caso, pasa a segundo plano. Lo primordial es aquí el “enganche” del lector mediante la puesta en crisis de sus emociones.
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negro, duro o hard boiled: constituye lo opuesto radicalmente al policial clásico. En este caso, el detective trabaja por dinero y recorre la ciudad. Es decir, ya no se hace culto del método deductivo y se resuelve en el caso en un “cuarto cerrado”, si no que el investigador aquí sale a la calle a buscar indicios. Generalmente la resolución del enigma está dada por esa misma experiencia. Los cultores más reconocidos del género son Raymond Chandler, con su detective Philip Marlowe, y Dashiell Hammett quien se consagró con El halcón maltés (1930), protagonizada en la pantalla grande por Humphrey Bogart, encargado de dar vida al detective Sam Spader.
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28 Julio 2008
Se llama entrevista a un tipo de interacción verbal que tiene un fin predeterminado: obtener información sobre ciertos hechos, culturas, circunstancias o personas. Se aplica en diferentes sectores profesionales: se realizan investigaciones de campo y se utiliza para obtener datos, los médicos entrevistan a sus pacientes, los periodistas o formadores de opinión a las personalidades públicas, etc. Para el periodista, la entrevista significa una herramienta primordial para obtener información. Se trata de un género específico que adopta distintas formas y que puede abordar temáticas disímiles.
Clasificación según temas y fines:
Cabe destacar que en una entrevista, los entrevistados pueden ser varios. Por ejemplo, una selección de fútbol, un panel de debate, programas con mesas redondas, una conferencia de prensa, etc.
Las fases
Las pautas a continuación expuestas, funcionan como método de nuestro trabajo.
Preparación previa: No olvidar el objetivo. Realizar un trabajo de investigación previo acerca del entrevistado permite profundizar y enriquecer los contenidos de la conversación y es requisito para mantener las reglas de cortesía y conseguir una mejor predisposición del entrevistado. Se consultan hemerotecas, bibliotecas, archivos en general. Todo lo que contribuya a conocer al entrevistado es positivo en esta fase.
Cuestionario y temario previos: Se debe confeccionar un temario con posibles preguntas. No hay que olvidar ningún tema. La escritura de los temas a tener en cuenta nos permite materializar todo aquello que debemos preguntar y nos organiza el tiempo de trabajo y la información que hemos recopilado.
La repregunta: Un buen periodista debe saber preguntar, pero más aun repreguntar. Cuando la respuesta es incompleta, o el tema en cuestión puede profundizarse, el entrevistador no debe dejar de repreguntar. Si bien existe el temario anterior, ciertas preguntas surgen de la misma entrevista, a medida que se desenvuelve y tienen como punto de partida las mismas respuestas del entrevistado.
Transcripción y redacción: La entrevista es un género híbrido donde hay una conversación ya pautada y cuyo destinatario es el lector final. Luego de la fase oral, el registro debe adecuarse al mensaje escrito. Como el lector no estuvo, lógicamente, presente en la charla deben tenerse en cuenta aquellos factores que la acompañaron e incorporarlos en el texto impreso. Se debe cuidar el sentido de las palabras empleadas y la espontaneidad propia de la oralidad. La corrección no tiene que desvirtuar el contenido del mensaje.
Las partes de la entrevista
El texto resultante se organiza del siguiente modo:
Entrada o presentación: En general, se trata de los dos primeros párrafos. Se presenta al personaje que se entrevistará. Pueden incorporarse allí aspectos circunstanciales: el contexto en el que se produce el encuentro previo u observaciones que contribuyan con el correr de la conversación.
Cuerpo: se reordena el texto según la importancia de los temas tratados para que resulte más interesante.
Conclusión o remate: el último párrafo cierra y concluye la idea central de la nota.
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11 Julio 2008
Resulta interesante volver sobre esta obra fundamental no sólo dentro de la productividad del novelista, poeta y ensayista Miguel de Unamuno, sino de todo el compendio de obras literarias gestadas en el seno de la cultura española. Niebla, novela editada en el año 1914, revoluciona las bases de construcción de la novela decimonónica. La novedad de este escrito se evidencia tanto en su construcción, sea dentro del género mismo como desde su trama.
Unamuno, en su texto, revisita la obra literaria máxima no sólo del Siglo de Oro español, sino de la historia mundial de la literatura: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Este recurso, esta visita, enriquece notablemente el texto unamuniano, ya que no vuelve a él incorporándolo meramente en su hilo argumental. El procedimiento narrativo llevado a cabo por el genial Miguel de Cervantes Saavedra es puesto a funcionar nuevamente dentro de otro contexto cultural y literario y según los intereses de Unamuno.
Vale destacar que el “manco de Lepanto” provoca una ruptura dentro del canon literario, mientras que inaugura el terreno de la novela moderna a partir del tratamiento que efectúa de las categorías textuales: léase, concepto de autor empírico, autor textual, narrador, personajes e, incluso, de la obra en su totalidad. Cervantes juega con gran virtuosismo y sentido del humor con los elementos que constituyen la creación literaria. Basta con remitirnos a su presencia como personaje dentro de la obra. Recordemos aquel pasaje de la Segunda parte de El Quijote, donde el personaje protagonista, el mismo Quijote, se entera de que cierto autor, Cervantes, ha publicado sus andanzas y decide ir a su encuentro. De este modo, dejando muchos otros al margen, las categorías textuales que caracterizan la novela clásica se ven resignificadas. En otras palabras, el Autor empírico, Cervantes, es puesto a funcionar como personaje; mientras que en Quijote, el personaje, se produce un desdoblamiento. Es decir, contamos con el personaje Quijote, quien lleva a adelante una serie de desafortunadas aventuras y el personaje dentro de la novela que llega a este mismo. El personaje escapa a la condición (casi requisitoria, podríamos decir) de “ser ficción” para entablar diálogo con su “creador”, vuelto ya personaje de la misma obra que ha firmado.
Del mismo modo, pero con otros intereses, esta ruptura es puesta en escena por Unamuno. Éste “reescribe” el texto antecesor, como ya se dicho, no desde la trama argumental, sino desde la operatividad de sus procedimientos narrativos. Sin embargo, esta “dislocación” de los elementos no perturba en absoluto la lectura, ya que se construyen tanto desde lo formal (los ingredientes constitutivos de la literatura) como desde el tono: incorpora en su relato, lo humorístico y lo grotesco (un perro, con voz y letra, participa de la escritura de Niebla).
Al margen de las reminiscencias cervantinas que podemos hallar en el texto aquí reseñado, tal vez la más ruptura más novedosa mantenga relación con el género mismo. Si bien reconocemos fácilmente que se trata de una novela, su autor, ya nos anuncia desde el rótulo que acompaña el título, que estamos ante la presencia de una “nivola”. Con este nombre, sin referencia hasta el momento, Unamuno clasifica su escrito. De este modo, no sólo instaura un nuevo género, sino también una nueva forma de leer. El lector deberá “desautomatizarse” para ingresar en el juego de lectura propuesto.
"Esta es la niebla, ésta la nivola, ésta la leyenda, ésta la vida eterna... Y esto es el verbo creador, soñador”, dice en una de sus primeras páginas. Y, precisamente, desde esa misma niebla construye la atmósfera que, sin perderlo ni agobiarlo, mantendrá con gran virtuosismo narrativo, la atención permanente del lector.
Son numerosos los aspectos que hacen de esta novela (o, más acertadamente, nivola) un texto sumamente rico y atrapante. Por un lado, como ya se ha dicho, el “juego” con las categorías textuales (el cruce entre autor, narrador y personajes), la puesta en escena del montaje de la escritura de ficción, etc; por otro, Unamuno posee la maestría de la palabra que le permite construir una historia de amor (que constituirá, a su vez, el hilo conductor) para desplegar su adhesión y simpatía hacia el movimiento existencialista donde participa (y se ve claramente en su obra ensayística) como uno de sus más fieles representantes.
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9 Julio 2008
El arte de escribir historias es siempre difícil, pero más aún hacer que esta historia tenga éxito y genere interés de público. Por eso es importante conocer los elementos que pueden hacer que una historia tenga éxito entre los lectores. Aquí enumero algunos de los elementos que los editores, comentaristas y lectores en general buscan en una historia.
No es necesario decir que los buenos escritores son tan buenos y destacan del resto porque rompen las reglas tradicionales, pero ellos saben cómo hacerlo. Por lo que, en principio es aconsejable ceñirse a estas pequeñas reglas básicas.
El tema
El tema es el marco, punto de vista o concepto que transmite una historia. Si un editor te dice que tu tema es “flojo”, muy probablemente querrá decir que no tienes un tema realmente significativo.
No fuerces el tema, deja que emerja de tu historia. Si es difícil de crear o transmitir, sácalo a la luz a través de diálogos, evita la narración para resaltar el tema.
Evita dar lecciones y moralismos, las historias para niños deben ser exploraciones de la vida.
Mantén el tema siempre en un tono positivo. Si escribes sobre un tema social, ofrece siempre puntos de vista constructivos y creativos para solucionarlos.
La trama
La trama de los cuentos infantiles suelen construirse alrededor de un conflicto que implica al personaje principal – con otro personaje o con circunstancias externas o incluso consigo mismo o misma. Aunque una historia sin conflicto puede tener éxito (especialmente si va dirigido a preescolares), debe tener un elemento especial que genere atención.
El conflicto normalmente toma la forma de un problema que el personaje principal tiene que resolver. Este personaje puede tener éxito o fallar en la resolución del problema. Normalmente, y sobre todo en ciertos tipos de cuentos, el personaje crece en el proceso. Y este lección de crecimiento durante el proceso de resolución de un problema suele constituir un buen tema.
En la mayoría de los cuentos el conflicto resulta en tensiones dramáticas que culminan en un clímax que desemboca en el final de la historia y la resolución de dicho conflicto.
Las secuencia principales de una trama infantil es la siguiente:
- aparición del conflicto
- superación inicial del conflicto por parte del personaje principal
- retroceso en la situación
- victoria final
- superación final
La secuencia de éxito inicial y retroceso se puede repetir dependiendo de la extensión del cuento y de los personajes secundarios que intervengan.
Una novela puede tener varios conflictos, pero una historia infantil sólo debe tener una. Mueve la trama usando eventos y acciones, más que con narraciones descriptivas. Sigue la máxima de “Muéstralo, no lo narres”.
Estructura de la historia
Al comenzar tu historia salta directamente a la acción, evita preámbulos innecesarios. La historia debe resolverse en un final rápido y sencillo. Es importante que mantengas la estructura tan simple como sea posible.
Si te decides por un libro de fotos, mantén la acción en orden cronológicos sin “flash-backs” o inserciones de escenas anteriores. Asegúrate de que el libro tiene escenas suficientes (lugares) para ofrecer una variedad de ilustraciones.
Decide qué persona quieres usar en la narración. Usar primera o tercera persona depende de la naturaleza de la propia historia. Una historia en primera persona se cuenta a través de los ojos de uno de sus personajes. Una historia en tercera persona es contada por un observador externo a la historia.
La narración en primera persona es bastante popular entre niños de grado medio y jóvenes lectores ya que crea una inmediata relación narrador-lector más íntima y con más posibilidades de transmitir emociones y guiños. Pero puede confundir a jóvenes lectores así que no se debe usar en libros de fotos. La narración en tercera persona es válida para todas las edades y permite que el escritor pueda usar observaciones y un lenguaje más sofisticada.
Tanto si la narración está en primera o tercera persona, ésta debe ser contada siempre a través de los ojos del personaje principal, esto se llama punto de vista.. Ten cuidado de no cambiarlo ya que un cambio brusco del punto de vista puede desorientar al lector. Para mantener la consistencia, narra sólo lo que tu personaje debe saber, no narres pensamientos de otros personajes porque eso confundirá al lector. Si necesitas cambiar de punto de vista, sepáralo con una nueva sección o capítulo.
Personajes
Antes de ponerte a escribir, conoce a tu personaje en profundidad. El personaje principal que crees debe ser alguien con el que el lector se sienta identificado o sienta simpatía. Este personaje debe tener la edad apropiada y no pasar muy por encima de la del lector. Hay excepciones como en los cuentos tradicionales.
Identifica a tu personaje con algo característico y distintivo – una tipo de ropa concreto, una manera de comportarse, una frase favorita. No necesitas una descripción completa del personaje, tan sólo destacar un aspecto distintivo de su personalidad.
Ubicación
Ubica tu historia en un lugar yo tiempo que sea interesante o familiar para el lector.
Estilo y tono
Escribe de forma simple y directa con palabras y frases cortas. Usa diálogos siempre que puedas y frases directas. Por ejemplo, usa “¡Vete de aquí” en vez de “Él dijo que se fuera de allí”. Intenta que al menos una tercera parte de tu historia esté basada en diálogos.
Evita en la manera de lo posible párrafos descriptivos demasiado largos. Siempre puedes intentar los elementos descriptivos dentro del diálogo, como por ejemplo “Me gusta tu pelo azul”.
Usa un lenguaje que cree la atmósfera adecuada para el tono de la narración.
Para niños pequeños usa elementos tales como poesía, repeticiones con ritmo, aliteraciones. Siempre es preferible la prosa frente al verso.
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