Resulta interesante volver sobre esta obra fundamental no sólo dentro de la productividad del novelista, poeta y ensayista Miguel de Unamuno, sino de todo el compendio de obras literarias gestadas en el seno de la cultura española. Niebla, novela editada en el año 1914, revoluciona las bases de construcción de la novela decimonónica. La novedad de este escrito se evidencia tanto en su construcción, sea dentro del género mismo como desde su trama.

Unamuno, en su texto, revisita la obra literaria máxima no sólo del Siglo de Oro español, sino de la historia mundial de la literatura: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Este recurso, esta visita, enriquece notablemente el texto unamuniano, ya que no vuelve a él incorporándolo meramente en su hilo argumental. El procedimiento narrativo llevado a cabo por el genial Miguel de Cervantes Saavedra es puesto a funcionar nuevamente dentro de otro contexto cultural y literario y según los intereses de Unamuno.

Vale destacar que el “manco de Lepanto” provoca una ruptura dentro del canon literario, mientras que inaugura el terreno de la novela moderna a partir del tratamiento que efectúa de las categorías textuales: léase, concepto de autor empírico, autor textual, narrador, personajes e, incluso, de la obra en su totalidad. Cervantes juega con gran virtuosismo y sentido del humor con los elementos que constituyen la creación literaria. Basta con remitirnos a su presencia como personaje dentro de la obra. Recordemos aquel pasaje de la Segunda parte de El Quijote, donde el personaje protagonista, el mismo Quijote, se entera de que cierto autor, Cervantes, ha publicado sus andanzas y decide ir a su encuentro. De este modo, dejando muchos otros al margen, las categorías textuales que caracterizan la novela clásica se ven resignificadas. En otras palabras, el Autor empírico, Cervantes, es puesto a funcionar como personaje; mientras que en Quijote, el personaje, se produce un desdoblamiento. Es decir, contamos con el personaje Quijote, quien lleva a adelante una serie de desafortunadas aventuras y el personaje dentro de la novela que llega a este mismo. El personaje escapa a la condición (casi requisitoria, podríamos decir) de “ser ficción” para entablar diálogo con su “creador”, vuelto ya personaje de la misma obra que ha firmado.

Del mismo modo, pero con otros intereses, esta ruptura es puesta en escena por Unamuno. Éste “reescribe” el texto antecesor, como ya se dicho, no desde la trama argumental, sino desde la operatividad de sus procedimientos narrativos. Sin embargo, esta “dislocación” de los elementos no perturba en absoluto la lectura, ya que se construyen tanto desde lo formal (los ingredientes constitutivos de la literatura) como desde el tono: incorpora en su relato, lo humorístico y lo grotesco (un perro, con voz y letra, participa de la escritura de Niebla).

Al margen de las reminiscencias cervantinas que podemos hallar en el texto aquí reseñado, tal vez la más ruptura más novedosa mantenga relación con el género mismo. Si bien reconocemos fácilmente que se trata de una novela, su autor, ya nos anuncia desde el rótulo que acompaña el título, que estamos ante la presencia de una “nivola”. Con este nombre, sin referencia hasta el momento, Unamuno clasifica su escrito. De este modo, no sólo instaura un nuevo género, sino también una nueva forma de leer. El lector deberá “desautomatizarse” para ingresar en el juego de lectura propuesto.

"Esta es la niebla, ésta la nivola, ésta la leyenda, ésta la vida eterna... Y esto es el verbo creador, soñador”, dice en una de sus primeras páginas. Y, precisamente, desde esa misma niebla construye la atmósfera que, sin perderlo ni agobiarlo, mantendrá con gran virtuosismo narrativo, la atención permanente del lector.

Son numerosos los aspectos que hacen de esta novela (o, más acertadamente, nivola) un texto sumamente rico y atrapante. Por un lado, como ya se ha dicho, el “juego” con las categorías textuales (el cruce entre autor, narrador y personajes), la puesta en escena del montaje de la escritura de ficción, etc; por otro, Unamuno posee la maestría de la palabra que le permite construir una historia de amor (que constituirá, a su vez, el hilo conductor) para desplegar su adhesión y simpatía hacia el movimiento existencialista donde participa (y se ve claramente en su obra ensayística) como uno de sus más fieles representantes.